Wednesday, October 05, 2011

Alaska

Recupero la sangre fría o, por lo menos, la salvo de un destino incierto. Entre tanto permanezco alerta, y me confino a desenfocar, cada vez con más ahínco, el trasnochado e insalvable perfil protagónico que se me impone por algo que es cercano a un encargo. Un encargo, por demás, falsario, o una responsabilidad, en realidad, que escapa al alcance de mis posibilidades fisiológicas. Voy dispersando, entonces -y así me interno en la esencia del discurso- cualquier rastro sujeto a posibles interpretaciones. Voy diluyendo ésta suerte de necesidad definitoria que afianza la pertenencia formal al club de los figurantes. No hay vestigios ahora, ni signos determinantes, ni historias furibundas al borde del precipicio. No. Presiento que, aunque contradiga sobremanera al rastro mismo de la escritura, ésta es la condición irrebatible que da la certidumbre necesaria a ésta única voz. La mía. Advierto entonces, resignado, que el camuflaje apesta. Ésa es la naturaleza intachable de ésta caligrafía.

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