A mi disposición las 27 teclas que comprenden el laberinto. Incontables caminos enmarañados sobre una pieza de plástico palpable. Pienso que las conexiones van más allá de lo comprobable a simple vista; pienso que hasta la música está intrínsecamente conectada con este efímero momento infinitesimal. Suena Captain Beefheart, suena como un desagüe enfermizo que destila sangre desde un corazón (de vaca) tan arrugado y profundo, como sublime y cálido. Esto es apenas un instinto grafómano, la pulsión irresoluta de un lapso caótico en las neuronas. Mil disculpas. Nada de alcohol, nada de drogas. Esto es el despliegue, poco prudente, de los impulsos nerviosos que recorre la intimidad de los pensamientos, las descargas eléctricas que terminan cruzando la piel limítrofe de los dedos y se vierten como gotas salpicadas en una hoja virtual. Podrá tomarse como una torpeza el pretender abarcar con precisión todas las fracciones de segundo que suceden interminablemente, y tratar de condensarlas, de manera fortuita y aventurada, en algo que adquiere súbitamente la forma de signos, la forma de 27 letras que por sí mismas no acometen el precio de significar algo, al menos no de manera consciente. Solo el descuido, el intelecto; buscando juntar los puntos enumerados de un dibujo abstracto e insondable.
Romeo is bleeding now. Un par de gatos restregándose en las esquinas, un jazz que ronronea desde un margen recóndito y humeante. Dame un cigarrillo, gato. Despójame el vértigo somnoliento. No me digas que ya es tarde, que las pestañas arden. Mejor indagar en nuevos pretextos a través de las siluetas nocturnas. Algo para entretejer los dedos hasta sangrar. Romeo is bleeding now. Y no es por amor. Por falta de amor. Por ese amor, esa musa quimérica, incorpórea, fugaz, metafísica, celestial. Esa suerte de bálsamo que sosiega mis aprensiones, que me impulsa a cruzar la noche hasta las ventanas de una locura placentera, a veces frágil, a veces atroz. Dame un poco de tu instinto felino para restregarme con fuerza en el amor. Que esa risa trémula, ese cuerpo nervioso, quebradizo; lo tengo aquí, no lo sabes, vibrando desde tiempos inmemorables. Ahora la presiento, con más dicha que vanidad, con más seguridad que jactancia, latiendo al frente de mi retina, en la persuasión timorata de mis brazos ansiosos. Latiendo por entre las articulaciones de mis dedos, escudriñando palabras que podrían, a ésta hora, sonar muy inoportunas en mi áspera y farragosa voz.
Conservo el rastro de cada pisada, sometimes, cada referencia incrustada en la memoria. Conservo la brutalidad de sus palabras. La contundencia hiperreal del lenguaje. Sometimes, las noches inundadas, sometimes. Me arropo de figuraciones que conllevan un aire frugal, un sentimiento abstinente. Me lleno de esa fragancia que se agarra temerosa de mi mano, la sostengo sin mucho más que decir. Hay cosas que el papel no soporta, hay sentimientos que no caben en éste espacio ingenuo de digitación impetuosa. El amor es un estado limítrofe, un feedback penetrante. La distorsión trastornada y el acople punzante de una guitarra sobre una melodía etérea, casi impalpable. Desconozco lo que describo, sometimes ¿Quién está hablando?, ¿Quién es el que escribe?.
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