Thursday, January 12, 2012

Excavaciones

Nadie queda indiferente al filo del vértigo
Un baño gélido de voces punzantes, un terror amaestrado.
Nadie cree en la prudencia de aislarse en un mareo singular
En las fauces redentoras de un agujero providencial.
Las miradas indolentes, desde un fondo opaco, casi apagado, comienzan a irritar peligrosamente la entereza.
Los veo al trasluz de una botella, lo veo abstraído en ideas dislocadas e imprecisas.
Hay un sueño, y es un sueño invertebrado de pianos disonantes, de cristales destrozados.
Esos verbos ornamentados disgregando la verdad, disgregando el afecto.
Hay una forma sana de maniatarse al deseo, a la rutina de un sueño empírico.
Hay una voz rutilante ejercitando mantras para esquivarle al pánico.
Nada que ver conmigo, me repito tiritando. Na-da-que-ver.
Esparzo volutas de humo como señales de vida, relamiendo la herida.
No se trata de encontrar silencio, ni de escarbar en las tinieblas mórbidas del inconsciente
Quiero el murmullo estridente de la noche, la inmoralidad desquiciada preguntando mi nombre.
Sé muy poco de límites, pero entiendo cada segundo, cada estímulo sediento cruzando la garganta hasta abarcar lentamente todas las vísceras.
Tengo hambre y estoy cansado. Quiero ruido.
Los comensales delirantes de éste ensueño etílico me acompañan hasta el abismo.
Donde perdura latiendo, de manera arriesgada, un instinto sacrificado de supervivencia.
O al menos eso quiero creer, mientras veo esos rostros ajados por la indiferencia
O esas voces quejumbrosas, descompuestas, hablando sobre la muerte como si nada
Hablando sin el sustrato básico del miedo, la vida.
La vida que es la muerte, o viceversa.

Tuesday, January 03, 2012

Melodía maldita y la música del orto

1. Alguien menos astuto y más incauto podría pensar que la música es el pretexto ideal para esquivarle a la adultez, al fantasma abstracto y amargo de la madurez. Pero, aunque aquella aseveración no sea del todo falsa, la verdad es que de la madurez, o por lo menos de lo que, en nuestra ingenuidad, intuimos significa ser adulto (con todo el olor a tedio y frustración que aquello implica), no se puede escapar. 2. El arte y el miedo pueden llegar a ser incompatibles, pero aferrarse a un consuelo tan inestable como la música (sobre todo a cierta edad) solo puede ocasionar un malogrado “loop” de adversidades nada gratas. 3. Algo de esto tiene que ver con el hecho de estar (todavía) en la cima del mareo, soportando la premura de crecer mientras, alrededor, casi todos enfilan ya sus preocupaciones hacia asuntos risiblemente banales, o por lo menos banales ante la inquietud frenética del arte y, en particular, de la música. 4. De manera imprevista, casi espontanea, algo enturbia la escasa convicción, algo que podría pasar por un mero juego, un capricho. Asoma con cautela la música agitando peligrosamente las estructuras de un supuesto futuro estandarizado. 5. Si me lo preguntan, no hay nada heroico o admirable tras hacerse músico. Peor todavía si ese afán viene impulsada por absurdas pretensiones ególatras (que por lo general devienen en posturas aberrantes como el virtuosismo desbocado, o en la petulancia mística seudo-experimental) 6. En contra de todo lo que se podría suponer, hacer música no se limita solo al hecho de grabar un disco o marcar el tiempo; hacer música implica también el delirio de las conversaciones trasnochadas, el hincarle el diente a un libraco, el simple acto de respirar o comerse un sándwich. 7. Hacer música, desde los márgenes periféricos y vulnerables de la independencia, anteponiendo las prioridades artísticas sobre asuntos viciados de índole comercial, es someterse a un trance peliagudo de sorpresas y desgracias. 8. Hacerlo en éste país, despojándose de banderas hipócritas, sorteando los abismos de la indiferencia total y del empalago comercial (y, encima, escapándole al vértigo de la edad), es más un acto sincero de dignidad que de maliciada presunción. 9. De hecho, la música puede ser un riesgo por demás excitante, expuesto siempre a las adversidades más intensas, como suele suceder en la vida misma, como en la espera agobiante de crecer y acomodarse a una adultez cada vez más incierta. 10. Así que, haciéndole caso a Hunter S. Thompson, solo queda seguir por las sendas fortuitas del riesgo: “Buy the ticket, take the ride”.

Wednesday, December 28, 2011

Abrazo Impacto

A mi disposición las 27 teclas que comprenden el laberinto. Incontables caminos enmarañados sobre una pieza de plástico palpable. Pienso que las conexiones van más allá de lo comprobable a simple vista; pienso que hasta la música está intrínsecamente conectada con este efímero momento infinitesimal. Suena Captain Beefheart, suena como un desagüe enfermizo que destila sangre desde un corazón (de vaca) tan arrugado y profundo, como sublime y cálido. Esto es apenas un instinto grafómano, la pulsión irresoluta de un lapso caótico en las neuronas. Mil disculpas. Nada de alcohol, nada de drogas. Esto es el despliegue, poco prudente, de los impulsos nerviosos que recorre la intimidad de los pensamientos, las descargas eléctricas que terminan cruzando la piel limítrofe de los dedos y se vierten como gotas salpicadas en una hoja virtual. Podrá tomarse como una torpeza el pretender abarcar con precisión todas las fracciones de segundo que suceden interminablemente, y tratar de condensarlas, de manera fortuita y aventurada, en algo que adquiere súbitamente la forma de signos, la forma de 27 letras que por sí mismas no acometen el precio de significar algo, al menos no de manera consciente. Solo el descuido, el intelecto; buscando juntar los puntos enumerados de un dibujo abstracto e insondable.

Romeo is bleeding now. Un par de gatos restregándose en las esquinas, un jazz que ronronea desde un margen recóndito y humeante. Dame un cigarrillo, gato. Despójame el vértigo somnoliento. No me digas que ya es tarde, que las pestañas arden. Mejor indagar en nuevos pretextos a través de las siluetas nocturnas. Algo para entretejer los dedos hasta sangrar. Romeo is bleeding now. Y no es por amor. Por falta de amor. Por ese amor, esa musa quimérica, incorpórea, fugaz, metafísica, celestial. Esa suerte de bálsamo que sosiega mis aprensiones, que me impulsa a cruzar la noche hasta las ventanas de una locura placentera, a veces frágil, a veces atroz. Dame un poco de tu instinto felino para restregarme con fuerza en el amor. Que esa risa trémula, ese cuerpo nervioso, quebradizo; lo tengo aquí, no lo sabes, vibrando desde tiempos inmemorables. Ahora la presiento, con más dicha que vanidad, con más seguridad que jactancia, latiendo al frente de mi retina, en la persuasión timorata de mis brazos ansiosos. Latiendo por entre las articulaciones de mis dedos, escudriñando palabras que podrían, a ésta hora, sonar muy inoportunas en mi áspera y farragosa voz.

Conservo el rastro de cada pisada, sometimes, cada referencia incrustada en la memoria. Conservo la brutalidad de sus palabras. La contundencia hiperreal del lenguaje. Sometimes, las noches inundadas, sometimes. Me arropo de figuraciones que conllevan un aire frugal, un sentimiento abstinente. Me lleno de esa fragancia que se agarra temerosa de mi mano, la sostengo sin mucho más que decir. Hay cosas que el papel no soporta, hay sentimientos que no caben en éste espacio ingenuo de digitación impetuosa. El amor es un estado limítrofe, un feedback penetrante. La distorsión trastornada y el acople punzante de una guitarra sobre una melodía etérea, casi impalpable. Desconozco lo que describo, sometimes ¿Quién está hablando?, ¿Quién es el que escribe?.

Tuesday, December 13, 2011

Atlas Sound - Parallax (4AD Records) - 2011












Aquellos días bizarros de impudor y lozanía, vistiendo apenas sobre el escenario un disfraz feminizado o, sencillamente, dejando libre el torso raquítico hacia la intemperie, quedaron atrás. Ahora llega la madurez o, por lo menos, un sentido de auto consciencia más recatado e intimista. El desgarbado Bradford Cox, frontman de Deerhunter, manteniendo esa inquietud e hiperactividad creativa como principal ambición, nos presenta la continuación de “Logos” (2009), “Parallax”, su tercera placa junto a su proyecto solista Atlas Sound. Luego del alud instrumental que emanaba un gusto por la grandiosidad en “Halcyon digest” (escuchar aquel solo de saxofón en “Coronado”), la continuación lógica es encontrarse con un disco marcado por trazos minimalistas, delicados y frágiles, que ya son marca de la casa. En éste caso, la apuesta es por lo íntimo, por un sonido más depurado; dejando parcialmente de lado el desahogo noise y las exploraciones post punk, nos encontramos ante un disco despojado de complejidades, más cercano (como lo demuestran, así mismo, las grabaciones de dormitorio “Bedroom Data Bank”) a la introspección folk de Neil Young, que a la esquizofrenia Shoegazer propia de los primeros discos de Deerhunter.




















Bradford Cox
, desde la engalanada foto de Crooner de los 50s en la portada, nos introduce a un disco que podría parecer la versión renovada y “adulta” de aquel “Logos” que tan buenas críticas ha cosechado aquel 2009; pero, musicalmente, las combinaciones acústicas con las texturas ambient a la Brian Eno, mantienen una línea estética ya habitual en discos predecesores. Incluso, en algunos casos, la conexión con Deerhunter es inevitable (“The Shakes”, “Lightworks”, “Mona Lisa”). O en el primer single “Te Amo”, cuyo loop a base piano es una reminiscencia a “He Would have laughed”, dedicada al desaparecido Jay Reatard. La perfección envolvente de “Modern Aquatic Nightsong”, y la delicadeza abismal de “Terra Incognita”, son dos de las joyas que relucen una lírica excepcional en el disco. “I kept guards and caravans close to me/ In case one day I’d need some company/ I never looked out towards the wind.” Por otra parte, las colaboraciones, que en anteriores discos incluía a Noah Lennox de Animal Collective y a Laetittia Sadier de los geniales Stereolab, dan un giro hacia el pop gracias a los coros melódicos en “Mona Lisa” junto a Andrew VanWyngarden de los MGMT. “Quark Part 1 y 2” cierran el disco incorporando la abstracción psicodélica y experimental de Animal Collective.

Un paso musical hacia adelante que no intenta arriesgar mucho, pero que tampoco se retrae ante la experimentación habitual de discos anteriores. Dedicado enteramente a la memoria de Trish Keenan, la recientemente fallecida vocalista de Broadcast, éste es un disco que representa la intimidad más recóndita de Atlas Sound y, en particular, de Bradford Cox, su genial artífice, quizás el compositor más prolífico de ésta era post- indie y post-todo.

Friday, November 25, 2011

Ansia en plaza Francia

No puedo permitir que ésta pulsión grafómana se disuelva en la nada. (Un vacío desguarnecido de provisiones. Planes estropeados por un capricho que se torna endémico). No puedo permitirme esos facilismos. Tengo que dar(te) vueltas con la memoria, aunque tiente peligrosamente la locura. Tengo que hurgar en los lugares más recónditos de la cabeza, no ya con un afán obsesivo; más bien como una necesidad. Una necesidad equilibrada de correspondencia que responde más a intenciones abstinentes o, incluso, persuasivas. Es un hecho: la urgencia emprende sobre mí su más difícil impulso: la de pretender comprender lo incomprensible, lo instintivo. Y la salida más sensata, al menos eso puedo concluir tras pretender fallidamente escapar/dormir, es imaginar(te)/inventar(te).

No recurro, por tanto, a un lenguaje retorcido. Asumiendo, además, que desconfió/detesto (d)el lenguaje retorcido. Puedo apreciar la liviandad sobre las teclas, ascendiendo hasta la corteza cerebral (centro anárquico de las imágenes refulgentes), sorteando los bordes del romance (palabra escabrosa) para evitar los abismos posibles. Te encuentro inevitablemente hermosa allí. Apartada de tentaciones predecibles, o al menos predecibles para/con el resto. Parada en el medio de la nada. Nada, que se entiende como un universo vacante. Nada, como naufragar en un espacio astronómico. Con escasas, por no decir nulas, referencias. Entonces es la hora de arremeter con aderezos ficcionales. Creer, o querer creer, que se es correspondido (palabra reiterativa en estas usanzas pasionales) en el trance del sentimiento. Una idea absurdamente presuntuosa como dislocada, considerando las circunstancias azarosas de los destinos, los nuestros o, si se prefiere, las de cualquier otro. Un destino al que, apartando su concepción desarraigada y poco creíble, se le intenta injustamente inculpar cualquier desviación peligrosa sobre el, a veces, monótono transito. Aunque, pensándolo bien, mejor olvidarlo, ya no creo en nociones seudo-místicas del destino, no existe tal círculo, tal tránsito, y, de hecho, lo peligroso puede, incluso, resultar ser algo muy estimulante.

Si mi afán, bajo el pretexto tuyo, era el aplacar la voracidad de éstas emociones (palabra ridículamente ambigua), entonces fallé. Si el afán era poder dormir, probablemente el día ansiado ya esté sucediendo en un horizonte alejado, oculto en gestos indescifrables, frases mal estructuradas, el rubor de la inexperiencia (o la experiencia desaprovechada), el humo de un cigarrillo que, a riesgo de no saber fumar, acaricia tentadoramente la perversión; ese horizonte indulgente que va tiñendo el éxtasis con la claridad discreta de un nuevo día. Un día que, francamente, no espero; o que, por lo pronto, prefiero ignorar; saltar la mirada en reverso, mientras someto mis manos al ardor de un fuego trémulo, excitante; tentando/ignorando así peligrosamente eso que llaman amor (palabra injustamente subestimada).


Monday, November 21, 2011

The Last Living Rose
















A la frágil Polly Jean la recordamos despotricando crudeza con una visceralidad atípica entre sus congéneres “alternativos”. Aun hoy, cercanos a completarse 20 años de aquel inaugural “Rid of Me”, esa crudeza logra seducir, a la vez que inquietar, trasluciendo un talento formidable que desde entonces no dejaría de sorprendernos. No en vano eso de “50ft Queenie”, o esa grandiosa versión irreconocible de “Highway 61 Revisited” del propio Dylan. Los años no pasan en vano y, ya desde los albores del nuevo siglo, nuestra venerada Polly ha venido mutando su sonido hacia lugares inexplorados por otras similares bandas, de la misma generación, estancadas todavía en la auto parodia o en la estrechez creativa de sus músicos. Pero no PJ Harvey, no mientras, durante el trascurso de los difíciles noventas, podíamos extraviarnos en historias crudas sobre obsesiones sexuales y desastres amorosos, con una trasfondo ruidistico y áspero como los mejores bluesman de los 50’s. O, luego en el 2001, totalmente reconfigurada a un discurso más optimista que de costumbre, resplandeciendo una felicidad atronadora y gloriosa en “Stories from the city, stories from the sea”. Ya hacía falta una purificación espiritual de éste tipo, sin desmerecer los vestigios fragosos de, por ejemplo, “Kamikaze” o “The Whores Hustlers and the huntlres”, que recuerdan a la PJ Harvey más salvaje. La metáfora de la ciudad, como espacio incoherente y escenario de las historias trágicas de amor, funciona a la perfección en aquella colaboración de ensueño (sin olvidar al homicida Nick Cave de “Henry Lee”) que arremete, en la bellísima “This Mess We’re In” junto a un Thom Yorke post-Ok Computer.

El giro radical comienza con “White Chalk” el 2007, totalmente despojada de artilugios “rockeros”, en un formato más intimista que recuerda muy bien a los roces minimalistas experimentales de Pascal Comelade. Una PJ Harvey más frugal y atmosférica, entonando la voz hacia registros más agudos (y quebradizos) que de costumbre. Es desde entonces que la sorpresa por encontrarnos con una Polly Jean abierta a la experimentación lírica y musical no nos sorprenda tanto estos días. Principalmente en el aspecto lírico, “Let England Shake” el aclamado nuevo disco, ensaya sobre temas que tienen menos que ver con cuestiones superficiales de corte personal, y más con asuntos de valores históricos y patrióticos.

La tradición que despuntan éstas canciones, tienen un cierto gusto folk rock pastoril que conjuga a la perfección con el tono belicista de todo el disco. Esto sin perder o, más bien, recobrando una crudeza que se aprecia en lo paradójico de la guerra y la poesía épica de T. S. Eliot. Para nada un disco fácil, “Let England Shake”, ya consagrado como un clásico, está lejos de ser un disco más en el catalogo de la fascinante PJ Harvey. Desde el comienzo nos percatamos de que estamos ante una obra difícil de desentrañar, un disco que trasciende lo conceptual para mostrarnos, a base de una producción sobria y escueta, toda la desolación que conlleva la guerra, el imperio y el poder violento de la globalización.

En el aspecto musical, después del apaciguado e introspectivo ritmo, a base de un piano delicado, en “White Chalk”; la evolución hacia un sonido más compacto y a la vez volátil –manteniendo la base de Mick Harvey y John Parish- se abre hacia experimentos que se acercan al “rag” en “The Words that maketh murder”, al folk bizarro en “England”, o incluso a resonancias reggae en “Written on the forehead”. “Let England Shake” explora como nunca, a base de instrumentos insólitos como el saxo, el xilofón y, principalmente, el autoarpa; por la poesía sonora y lírica de la destrucción bélica y la pérdida de los valores de la Gran Britannia.

Recientemente merecedora del Mercury Prize del año (siendo ésta la segunda vez después del galardonado “Stories from the city…”), PJ Harvey está sacudiendo las entrañas, no solo de Inglaterra, sino también de todas los lugares oscuros de la música visceral. La bella y frágil PJ Harvey es, en definitiva, la última rosa viviente de la gran Britannia.

Sunday, November 20, 2011

Primavera Cero






















Confinado a una especie de exilio al revés, es decir, lejos de todos los mejores festivales y conciertos que colman el verano europeo; lo único que nos queda, permaneciendo encerrados en nuestras fronteras; es ponernos verdes de la envidia y leer las reseñas post-delirium de los dichosos afortunados al otro lado del charco, mientras nosotros nos conformamos con escuchar la música (en un acto evidente de auto boicot) que conforman esas increíbles carteleras de los festivales.


El San Miguel Primavera Sound, probablemente uno de los mejores festivales de música independiente, lleva diez años congregando, sobre la explanada del Parc Del Forum de Barcelona, a los mejores exponentes de la música contemporánea a nivel mundial, apostando principalmente por bandas dentro del pop y el rock de cast
a independiente, y las propuestas más underground de la electrónica. La edición de éste año, por ejemplo, y para agravar más aún la frustración, reunió a bandas como Deerhunter, los alemanes de Einsturzende Neubauten, PJ Harvey (presentando su majestuoso “Let England Shake”), los recién reunidos Pulp, Sufjan Stevens, Mogwai, Animal Collective, The National, James Blake (la revelación post-dubstep del año), The Flaming Lips, Grinderman, y el magistral John Cale (ejecutando entero su hermoso Paris 1919), entre muchísimos otros nombres que la memoria, o quizás el rencor, no me permiten recordar.












En todo caso, todavía con la ilusión presente de poder vivir en carne propia el festival, las confirmaciones para la siguiente edición del San Miguel Primavera Sound, ya comienzan a anunciarse todavía faltando meses para su realización el próximo año. Más precisamente, del 30 de mayo al 3 de junio del 2012 en Barcelona, además de estrenarse en Oporto del 7 al 10 de Junio. Y la expectativa no es escasa, tomando en cuenta que los primeros nombre en salir a la palestra superan las ansias de cualquiera por poder cruzar el atlántico y asistir al festival. Es así como el primer nombre en ser anunciado ha sido el de Björk, quien en las semanas recientes presentó su último disco Biophilia (yo sé que las comparaciones son odiosas pero, la verdad, me quedo un millón de veces con la Polly Jean). Otros confirmados son los Guided by Voices, grandes exponentes del indie alternativo en formato Lo-Fi durante los noventas, cercanos a presentar su nuevo trabajo “Let’s go eat the factory”. Luego, la gran sorpresa, por lo menos en lo personal, incluye a Yo La Tengo (grandes favoritos) y, al otrora Neutral Milk Hotel, Jeff Mangum; leyendas ambos del indie rock noventoso. De igual forma, y por si fuera poco, queda confirmado Codeine, que se vuelven a juntar luego de su separación el 94 después de la publicación de “The While Birch”; y además asegurada la presencia de Other Lives y Neon Indian.


Sugiero mantenerse alerta a próximas confirmaciones durante los siguientes meses. Presiento que en una arremetida inesperada se anuncia a, por ejemplo, un “King of Limbs” por ahí, y allí sí que no hay excusa válida para faltarse a semejante cita.

A chicken with its head cut off